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La Cataluña de 1914 y la de ahora. Valenti Puig. El País. 29/06/2014

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 OPINIÓN
Cien años después del atentado de Sarajevo, lo que dijo entonces D’Ors tiene gran sentido. Intuyó que 1914 era una guerra civil
29 JUN 2014 – 21:12 CEST
La historiografía particularista a fuerza de poner la lupa en Cataluña acaba por reducir sus conexiones con la amplitud de los procesos históricos como, por ejemplo, los de Europa. Así, aunque 1714 fue una guerra dinástica y de trasfondo europeo, acabamos por sugerir el espejismo de una Cataluña cuya identidad hubiese sido el centro umbilical del acontecer histórico universal. Tiene mucho sentido que los catalanes que lo deseen tengan preocupación por lo que es y será Cataluña pero eso no obliga a dar por supuesto un mundo catalano-céntrico. Lo sabía el catalanismo regeneracionista. La guerra de 1914, cuyo centenario se está conmemorando, tuvo muchas repercusiones en Cataluña, especialmente económicas, pero si uno no ubica las cosas en los horizontes amplios tenemos una Cataluña más pequeña, imbuida de un excepcionalismo propenso a creer que solo tienen significado las cosas que intervienen en su vida particular porque no es otro el eje de la historia vivida. Hay más cosas en el mundo de las que presuponen los historiadores nacionalistas. En fin, el contraste entre las discontinuidades y las tendencias que se prolongan en el tiempo no son una exclusiva de nadie, como no lo son 1714 o 1914.
Precisamente de lo mejor que Cataluña aportó a 1914 fue la presencia intelectual de D’Ors. Después se le imputó la peor traición a Cataluña. Antes de eso dio altura a la vida intelectual catalana con su Glosari y organizó bibliotecas públicas por encargo de Prat de la Riba. Pensaba su Cataluña en términos de civilización. En 1914 rehusó definirse como germanófilo o francófilo. En realidad, es como si hubiese tenido una premonición sobre lo que sería Europa al final de aquella guerra. Intuyó que 1914 era una guerra civil, como lo eran todas las guerras europeas. Es saludable tenerlo presente ahora que va tomando cuerpo la tesis irracional de que, puesto que la secesión dejaría a Cataluña fuera de la Unión Europea, la reacción debe ser que la Unión Europea no se merece que Cataluña sea una de sus partes. Ya fue un precedente situarse por sistema fuera del contexto hispánico.
Cien años después del atentado de Sarajevo, lo que dijo entonces D’Ors tiene gran sentido. En Barcelona, la dialéctica entre germanófilos y aliadófilos hacía furor, mientras que la Lliga preconizaba aquella discreta neutralidad —la que sostenía la política exterior de España— que acabó siendo provechosa para la industria catalana. Alguien como Prat de la Riba estaba a favor de Alemania, para asombro de un joven Gaziel que se daba a conocer como cronista de la contienda. D’Ors, inicialmente acusado de germanofilia, siendo culturalmente francés, entonces redacta un manifiesto por la unidad de Europa. Desde siempre había defendido una unidad cultural europea sostenida por dos grandes pilares que eran la civilización mediterránea y la cultura germánica. Era un nostálgico del Sacro Imperio Romano Germánico. Intuyó que el asesinato de Sarajevo acababa con el antiguo orden y prologaba futuras turbulencias. “Sí, Sacre Imperi Romà Germànic. Sí, encara una volta: la guerra entre França i Alemanya és una guerra civil!”.
Más aún, pensaba que en el paisaje post-bélico sería factible un retorno innovador a Europa. Acertó en el diagnóstico pero se equivocó de guerra porque tuvo que haber otra para que Europa iniciase sólidamente su camino de integración. Frente a la beligerancia de los intelectuales francófilos o germanófilos, insistía en la causa de la integridad de Europa. La distancia con la tesis implícitamente eurófoba del secesionismo actual es inmensa. Sobre la Gran Guerra, las Lletres a Tina de D’ors son una de la reflexiones de más envergadura de aquella Cataluña noucentista, una reconsideración de los valores de la civilización europea. Un intenso esfuerzo intelectual difícilmente comparable con la grotesca manipulación de las ruinas del Born. Por su parte, D’Ors escribe su decálogo para el hombre europeo y libre. Eso le lleva a polemizar con Unamuno al que considera adversario de Alemania porque también es adversario de Francia. Y, en definitiva, por ser adversario de Alemania, ser a la vez adversario de Europa.
La Cataluña de 1914 era una sociedad de economía pujante y de intelectualidad creativa. También vivía una gran conflictividad social. Al fin y al cabo, la Semana Trágica era de 1909. La Cataluña de hoy intenta recuperarse de la crisis económica y a la vez tantea —con perplejidad en unos casos y con ilusión en otros— los muros del callejón sin salida al que ha conducido la política secesionista de Artur Mas. Ciertamente, no existe una figura equiparable a la de Eugeni d’Ors. Y, de existir, su influencia y autoridad no serían las mismas porque actualmente las culturas son policéntricas, desjerarquizadas y muy adictas al relativismo. D’Ors deseaba que una expresión unitaria como era Europa pudiese seguir sirviendo como bandera en un combate por la reforma y la cultura en España. Su Europa, sobre todo, significaba la ley.

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