Pujol habla de la necesidad de "recuperar las cosas buenas y malas" de hombres como Eugenio d'Ors. El País. 30/09/1981


Homenaje en Cataluña al impulsor del “Noucentisme”

El País

30 SEP 1981

El centenario del nacimiento del escritor y ensayista Eugenio d’Ors fue conmemorado anteayer oficialmente con dos acto celebrados en Barcelona y Madrid. El primero fue presidido en el palacio de la Generalidad de Cataluña por el presidente del máximo órgano autonómico catalán, Jordi Pujol, y el segundo, celebrado en Madrid, por el ministro de Cultura, Iñigo Cavero. En el acto catalán, Pujol habló de la necesidad de recuperar «las cosas buenas y malas» de hombres como D’Ors.

En Barcelona intervinieron en el acto, además del presidente de la Generalidad, el presidente del Instituto de Estudios Catalanes, Joan Ainaud de Lasarte, y los críticos Francesc Fontbona y Enric Jordi. Previamente, Jaume Ferran, amigo de la familia, leyó un mensaje de los hijos de D’Ors.Jordi Pujol señaló la necesidad de recuperar todos los valores de la cultura catalana al margen de actuaciones concretas personales. «Eugenio d’Ors», señaló, «tuvo, como otros. actuaciones mezquinas. Sin embargo, es necesario recuperar las cosas buenas y malas de hombres como éste, autores de obras importantes para Cataluña». El presidente de la Generalidad aludió a la aportación de D’Ors a la cultura catalana, a pesar de posteriores actuaciones contradictorias, y resaltó su carácter de impulsor del noucentisme, y posteriormente de hombre afín al régimen franquista. Ainaud de Lasarte y Francesc Fontbona hablaron de la relación de D’Ors con el arte. Fontbona reseñó la larga dedicación periodística de Eugenio d’Ors, que publicó su sección «Glosari» en La Veu de Catalunya durante catorce años. Enric Jardi, por su parte, hizo referencia a la biografía del escritor, poniendo de manifiesto su labor desde instituciones como la mancomunidad de Cataluña y el Instituto de Estudios Catalanes.

En el homenaje a D’Ors, celebrado junto al monumento rígido en memoria de su persona por el Ayuntamiento de Madrid en 1963, frente al Museo del Prado, intervinieron el presidente del Círculo Catalán en Madrid, Ignacio Boqueras, una nieta de D’Ors y el propio ministro de Cultura. El presidente del Círculo Catalán, entidad que patrocinaba el homenaje a D’Ors, destacó la labor realizada por el escritor en la vuelta de los cuadros que se encontraban en Ginebra en 1938 y las obras escritas sobre el Museo del Prado.

Agradeció el homenaje a continuación, en nombre de la familia de Eugeenio d’Ors, Esperanza d’Ors, y cerró el acto el ministro de Cultura, Iñigo Cavero. Este último trazó una semblanza del escritor y destacó la significación del filósofo «que contribuyó a la convivencia social y política de los españoles mediante la integración de la cultura catalana a la española.

Asistieron a este acto unas cuatrocientas personas, entre las que se encontraba, como delegado del Ayuntamiento de Madrid, el concejal encargado de la sección de Cultura, Enrique Moral.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de septiembre de 1981




La obra de Eugenio d'Ors protagoniza una gran exposición en la Biblioteca Nacional. El País. 06/11/1981


Se inaugura hoy con motivo del centenario del ensayista

El País
6 NOV 1981

«D’Ors vivió tanto geográficamente como políticamente en la tierra de nadie, pero ahora resulta que la tierra de nadie es la tierra de todos». De esta forma ha justificado Juan Pablo d’Ors, hijo del escritor y ensayista Eugenio d’Ors, la actitud negativa que tanto los medios intelectuales de derecha como los de izquierda han mantenido hacia su padre. Juan Pablo d’Ors asistirá hoy, en la sede de la Biblioteca Nacional, a la inauguración de la exposición conmemorativa del centenario del nacimiento de Eugenio d’Ors, que ya se celebró en Santillana del Mar el verano pasado.

Para Juan Pablo d’Ors, uno de los motivos principales de la vigencia de la obra de su padre es también su dominio de un amplio espectro de materias no sólo literarias, sino también artísticas y teatrales. «Quizá por esta proyección universal mi padre fue considerado como un desertor de Cataluña y como huésped de Madrid. Por lo que tenía de sindicalista, fue mirado con recelo por las derechas, y por lo que tenía de imperialista, entiéndase imperialismo de la cultura, fue mal visto por las izquierdas. Para entender esta postura de mi padre yo aconsejo que se lea la glosa titulada Cuando quiten los sacos, escrito en 1937».La exposición, que ya se realizó el pasado verano en la Fundación Santillana de la villa santanderina del mismo nombre, mostrará un rico material iconográfico, documentos de gran valor biográfico y las obras publicadas del escritor catalán. Como complemento de la exposición que en su día patrocinó la Fundación Santillana se exhibe también una abundante colección de dibujos del escritor, que han sido concedidos por su familia y por las colecciones de la revista Blanco y Negro y del periódico Abc.

En la exposición, que permanecerá abierta hasta el próximo día 6 de diciembre, se exhibirán todas las obras escritas de D’Ors. La mayor parte de las mismas se encuentran en la Biblioteca Nacional, y las que faltaban las ha prestado la familia. La muestra ha sido organizada por la Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas.

«El hecho de que la Biblioteca. Nacional», explica el hijo de Eugenio d’Ors, «haya organizado esta exposición significa actualizar su gran huella que dejó en el mundo de los bibliotecarios. El fue el fundador de una infinidad de bibliotecas populares repartidas por los pueblos de Cataluña. En todos estos sitios se esforzó por dejar constancia de la obra bien hecha, y precisamente por esto él fue quien dio entrada a las mujeres. A través de esta exposición se puede constatar cómo Eugenio d’Ors, por encima de cualquier otra contingencia, fue un soldado incansable en el ejército de la cultura y además siempre en vanguardia».

Para el director de la Biblioteca Nacional, Hipólito Escolar, que inaugurará la muestra a las 19.30 horas de hoy, D’Ors es una figura nacional en el pensamiento bibliotecario, y además es un escritor excepcional». Los bibliotecarios tenemos una deuda con él, porque fue un gran innovador del pensamiento bibliotecario. El aristocratismo que pudo encerrarle en la torre de marfil elitista estaba compensado en él por un profundo sentimiento de justicia social, que le llevó a programar las bibliotecas populares en Cataluña, y más tarde, en otros lugares de España».

«D’Ors quiso sustituir el casino de los medios rurales por la biblioteca, por un edificio diáfano, limpio y aislado, y creó un sistema bibliotecario que hizo que los libros circularan dentro de una red que permitía a los lectores que vivían en localidades de pocos habitantes recibir fondos de los núcleos muy poblados. “Para él”, dice Hipólito Escolar, “la fundación de una biblioteca era un acto pedagógico, y los bibliotecarios eran como los maestros o como los guías espirituales”.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de noviembre de 1981




Tres nietos de D'Ors leen un libro inédito de su abuelo. El País. 12/12/1981


El País

12 DIC 1981

El libro inédito de Eugenio d’Ors titulado Parábola de los dos aviadores, y escrito en 1950, cuatro años antes de su muerte, ha sido recuperado por su nieto Carlos d’Ors, que lo ha hallado entre los papeles del filósofo y pensador, de quien se conmemora este año el centenario de su nacimiento. El volumen fue leído anteanoche por tres nietos del autor en un acto celebrado en un colegio mayor de Madrid.El volumen está constituido por veintiuna glosas, que se publicaron sueltas en el diario Arriba en 1950, pero cuyos manuscritos D’Ors reunió y numeró con la idea de formar un libro.

El texto, que anteanoche fue leído por tres nietos de D’Ors en un acto celebrado en el Colegio Mayor Santillana, al que asistió también Juan Pablo d’Ors, hijo del pensador, es de carácter narrativo-filosófico, informa Efe.

D’Ors, que calificó esta obra de extraña e incluso inmoral, narra en esta obra, de una estructura compleja, que se desarrolla en tres planos, el mito de Icaro, desdoblándolo: presenta a un aviador, ambicioso y con afán de conquista, frente a otro, Icaro, con deseos de evasión y de desaparecer.

La moraleja de esta obra de D’Ors, que él mismo calificó de parábola, se desprende del final de la obra, en el que el aviador que se perdía se encuentra y el que se buscaba se pierde.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 1981




Homenaje del Museo del Prado a Eugenio d'Ors en el centenario de su nacimiento. Enrique Franco. El País. 13/12/1981


Concierto de la música barroca preferida por el filósofo

Enrique Franco
13 DIC 1981

El Museo del Prado ofreció anteayer un homenaje al escritor español Eugenio d’Ors, con motivo del centenario de su nacimiento, durante un acto en el que Federico Sopeña, director de la pinacoteca nacional, evocó sus recuerdos personales con el filósofo y el pensador Juan Luna, conservador-jefe de la pintura francesa, inglesa y alemana del Prado, habló del libro Tres horas en el Museo del Prado, escrito por D’Ors; Alvaro Marías e Inés Fernández Arias cerraron el homenaje con la interpretación de piezas musicales del siglo XVIII, entre ellas algunas de las composiciones predilectas de D’Ors, como El ruiseñor enamorado, de Couperin.

La llegada de Federico Sopeña a la dirección de nuestra pinacoteca nacional ha supuesto, inmediatamente, la incorporación de lo musical. En gracia a la conmemoración centenaria del nacimiento de Eugenio d’Ors, y a su fidelidad afectiva e intelectual por el Prado, Sopeña ha inaugurado ese género de conferencias y conciertos con una charla propia, síntesis y resumen de cuanto sabe y quiere de D’Ors. Cuando Sopeña tenía veintidós años conoció a D’Ors, a través del hijo del escritor, compañero suyo de estudios.Tras el prólogo de Sopeña en torno a una serie de recuerdos personales sobre el célebre libro dorsiano Tres horas en el museo del Prado, escrito en 1922, el conservador del Prado, Juan José Luna, espigó un largo y significativo conjunto de lienzos reproducidos por el sistema de diapositivas, que venían a ilustrar los textos de Eugenio d’Ors, y sus interpretaciones sobre numerosas obras del museo.

Al final, la música, el barroco francés que tanto quiso Eugenio d’Ors, aunque no sé si conociera demasiado concretamente la música de los Philidor (sobre todo de Arine Danican) o de Jaeques Martin Hotteterre, extraordinario creador, tantas veces exiliado en su tratadismo. Sí sabía el pensador catalán mucho de los Couperin y, más que de ninguno, de François, llamado El Grande.

En las glosas, el nombre de Couperin aparece una y otra vez unido al de Landowska y su residencia de Saint-Leu-la-Foret, «donde el genio es el de la música antigua, y el santuario un templete harto modesto, y el sacerdote una sacerdotisa de nombre Wanda».

En Saint-Leu-la-Foret, «aquel pueblecillo cercano a París que, por una cara, se abre al arrabal suburbano; y por otra a la noble selva solitaria», Wanda Landowska hizo principio -gustosamente aceptado por D’Ors- de una frase escrita por el coreógrafo Marcel: «No se sabe todo lo que hay en un minueto». Esto es la profundidad y complejidad escondida bajo la aparente sencillez y la ligereza de un aire cortesano transmutado por un gran compositor.

Como en los aires de danza, sucede con apuntes descriptivos de tan sutil belleza como El ruiseñor enamorado, principio, casi, de una larga teoría de ruiseñores musicales que, pasando por la Pastoral, llegarán al mismo Stravinsky. Alvaro Marías, capaz de apoyar su conocimiento virtuosista de la flauta dulce en sus hondos conocimientos humanísticos, hace realidad generalizando el principio de Marcel.

Desde muy distintos saberes, Marías cerca, hasta apresarla, una pieza difícil: el secreto del estilo hecho luego normalidad a lo largo de las diversas obras. Contó para su precioso concierto con la excelente colaboración de Inés Fernández Arias, clavecinista de raras cualidades.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de diciembre de 1981




La elipse. Francisco Umbral. El País. 09/06/1985


9 JUN 1985

3 Lunes

Mercedes Licer es bella y vulgar. Mercedes Licer García dice que está ‘hasta el coco” de no sé qué. Cuando se ha nacido para princesita, no se deben decir ciertas cosas, Mercedes, niña equivoca da, niña apresurada, niña con prisa por dejar el “García” en una papelera nocturna. Mercedes, amor. Eres una princesa natural de las cosas, Mercedes, pero tú no lo sabes, no puedes saberlo, porque no te ves a ti misma (no hay otro talento que el de verse uno a sí mismo en los negros espejos interiores). Eres vulgar, Mercedes, y esto me duele casi más que decírtelo, aunque hayas emparentado convencionalmente con un Borbón. Todos, en España, Mercedes, hasta los que posamos de gauchistes, llevamos dentro un Borbón, o un Austria, o un Habsburgo. Y eso es lo que hay que cultivar en uno, en una, Mercedes, amor (y qué bella eres): el Austria interior y escurialense. Azaña, en El Escorial, pensaba que Felipe II, en su cuarto, miraba más para la campiña que para la misa. Uno, Mercedes, carece casi patológica mente de nociones morales. Uno no se rasga las vestiduras (sería una pena rasgar un Pierre Cardin) porque hayas posado desnuda, qué bobada, ni porque te defiendas atacando a la Preysler, ni porque reces para que Dios archive tus desnudos, ni porque te hayas improvisado princesa, ni porque vayas a quedarte sin los 40 millones de Zeta, ni porque hables demasiado, como te dice tu marido. Uno, Mercedes, sólo se decepciona y deprime porque eres vulgar, crudamente vulgar, y porque entre tu vulgaridad y tu belleza / encanto hay un desajuste que crea malestar en la cultura interior (y nada freudiana) del alma. Pasa con otras, Mercedes, no eres la única. Me traen más o menos flojo las princesas de leyenda. Me importan las princesas naturales que da el pueblo, Mercedes. Por eso me importas (me importabas) tú.

5 miércoles

Lo que hay, sobre todo, es un dulce contraste entre el juez Lerga, con su honradez de gabardina antigua, y la baraja internacional de procesados en la evasión de capitales, picas, corazones, reinas de diamantes y ases de trébol. Es decir, Enterrías, Gamazos, Figueroas, Varelas y siguen las firmas. Es la clase media, honesta y opositora, torso moral de España, corrigiendo una vez más la grandeza de nuestros grandes. Entre Groucho Marx y abogado pasantillo de un registrador de la propiedad de cabeza de partido judicial, el juez Lerga, con el pelo mal cortado, las gafas demasiado grandes, el bigote antiguo, la barbilla débil y la sonrisa burocrática, es, por ahora, la última corporalización de esas clases medias españolas y profesionales que, a falta de la revolución que nos falta, periódicamente le imponen un correctivo, municipal o jurídico, a los grandes de España, que Proust veía tan pequeños. Resulta conmovedora y casi hasta divertida -si no fuera por el respeto- la imagen de este funcionario que cree en sus funciones (cosa insólita y casi absurda en un funcionario español), la tenacidad silenciosa y cotidiana con que está siguiendo el caso. Lo dijo maestro Laín hace muchísimos años, y no me he cansado nunca de repetirlo: “El problema de la Universidad es el problema de las clases medias españolas”. Ahí tienes, Pedro, un hombre de clase media, que no ha superado la gabardina de grandes almacenes (ahora que el fascinante Paco Nieva canta a la “derecha estética”) y que se mantiene fiel a la raíz latina de su cargo.

7 Viernes

Eugenio d’Ors. Magín. Jardín botánico 3. Tusquets Editores. Maestro d’Ors compuso estos cuentos filosóficos y humorísticos a la manera de Voltaire, pues que dijo alguna vez que le habría gustado hacer “un diccionario filosófico como el de Voltaire, pero contra Voltaire”: Voltaire, en fin, le fascinaba. Aquí va nada menos que contra el intuicionismo de Bergson, de que nace toda la narrativa de Proust: “Cada día creo menos en la inteligencia”. La bastardilla dorsiana es racionalista, pero el desarrollo es irracionalista, irónico, lúdico, irreverente, actual.

9 domingo

Parece que se ha desvelado el tercer secreto de Fátima. Este sistema que tradicionalmente ha tenido la Virgen de comunicarse con nosotros mediante cartas selladas y paquetes postales certificados en la estafeta del cielo, paquetes cuyo lacre sólo debe romperse a fecha fija, o a siglo fijo, nos descubre que la Iglesia, que levantó San Pedro según teología, más que según arquitectura, cuida asimismo, por el otro extremo, la fe del carbonero o, lo que es peor, de la carbonera, porque los carboneros son ya casi todos de Comisiones. Mediante una división del trabajo sabiamente patriarcalista, la Iglesia tiene a los grandes albañiles de la teología -Hans Kung, Guardini, Teilhard, Rahner- renovando incensamente el artesonado de sus cúpulas, pero al mismo tiempo que la gran escritura de las Escrituras (libro circular que se está enmendando siempre a sí mismo, como los viejos libros de contabilidad), cuida la caligrafía picuda y monjil de los mensajes de vírgenes, pastorcillas, viudas, videntes y toda una confusa y anovelada feminidad ágrafa. Es la teología menor en letra inglesa para la mujer del carbonero, ya digo. Y del herrero y del chapista y del metalúrgico. Todos ellos cambiaron la cofradía por el gremio y, hoy, el gremio por el sindicato. Pero los sindicatos andan muy levantiscos, de Walessa a Comisiones / UGT pasando por Érase una vez en América. Es el momento de volver sobre vírgenes, pastorcillas, viudas y marquesas, sobre ese resto cofrade y gremial de la mujer, con el sobrecito azul de Fátima.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de junio de 1985




D'Ors. Manuel Vazquez Montalban. El País. 07/07/1986


7 JUL 1986

Observo un variopinto empeño de resucitar a Don Eugenio d’Ors, empeño en el que participan amigos aunque colegas míos. Para los que adquirieron cara y ojos intelectuales en los últimos 20 años, les informaré que el caso D’Ors consistió primero, en su condición de gran comisario de la literatura catalana del primer cuarto de siglo, que de pronto pide asilo lingüístico en Madrid y luego se suma al Alzamiento Nacional, para el que posó con todo el vestuario, entonces posmoderno, que la ocasión requería: yugos, boinas, flechas, etc., etc.Tanto los intelectuales catalanistas, que le consideraron un renegado, como los intelectuales simplemente demócratas, que le consideraron un fascista ilustradísimo y muy mediterráneo, pero fascista al fin y al cabo, condenaron a D’Ors a la pena de olvido, la peor pena que puede caerle a un escritor. Tampoco sus compañeros de viaje castellano escribiente y mussoliniano hicieron gran cosa por perpetuar la vigencia de su obra. Al fin y al cabo, un catalán que pide asilo lingüístico algo buscará y a Don Eugenio, aquí entre nosotros, la boina colorada le sentaba fatal.

Conozco bastante bien la obra de D’Ors, pero no me voy a meter en consideraciones enjundiosas sobre sus obras de enjundia. Contribuyo a un mejor conocimiento del autor citando un poema gastronómico, Romance de un convaleciente convalecido, que si bien no pasará a la historia de la poesía ni de la gastronomía, sí puede figurar en cualquier aproximación al canibalismo intelectual. El convaleciente, sujeto poético, en plena guerra se despide de su madre, le agradece sus cuidados … “… al regresar- hecho migas de desmigar gente roja”. Ojo con la imagen. Desmigar pan es una cosa muy aséptica, pero desmigar gente quiere decir exactamente eso, desmenuzar un todo humano con los dedos, sintiendo en las yemas de los dedos el hormigueo de las migas al ser arrancadas, sus humedades muertas, la progresiva flaccidez de su esponjosidad hasta convertirse en virutas predispuestas fatalmente al sofrito y al apaleamiento de la cuchara en busca de las fauces del caníbal. Claro que D’Ors era uno de esos genios a los que no hay que tener en cuenta las metáforas.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 1986




Tres horas con D'Ors en el Prado. Pedro Sorela. El País. 23/04/1989


El museo es sólo en parte el mismo que describiera Xenius en una apasionada guía ahora reeditada

Pedro Sorela
Madrid 23 ABR 1989

“Madrid tiene abriles exquisitos y un sin par museo”, escribía Eugenio D’Ors, Xenius, cuando la primera edición de su guía Tres horas en el Museo del Prado. Sesenta y siete años después puede que abril siga siendo exquisito en Madrid -el aire es azul, y el clima, tibio-, pero en cuanto al museo es difícil apreciarlo, cercado como está por los autobuses agazapados frente a la Academia, asaltado cada día por miles de turistas y estudiantes, ensordecido por las taladradoras que destrozan la calle de Felipe IV ejecutando alguna orden municipal de sentido, más que misterioso, confuso. Sin embargo, algunas de las observaciones que hizo D’Ors, publicadas primero como serial en un periódico, mantienen su vigencia.

“El amigo ideal para el ensayo [de servir de discípulo en un corto recorrido del Prado] es joven, inteligente; posee un buen gusto instintivo y sólo atisbo de cuatro confusas generalidades en materia de arte”, escribe D’Ors. “Conviene, además, que el doctrino no sea vanidoso: rara vez el vanidoso entiende; nunca, a media palabra”.No es fácil juzgar la modestia de los jóvenes que en esta mañana de abril ocupan el Prado, entre otras cosas porque son varios cientos. “¡Me quiero ir!”, gime una voz entre un tropel de adolecentes de Bup en el cruce de una puerta. “Estoy hecha polvo”, se queja una francesa de más o menos la misma edad. Por la sala de los flamencos cruzan un par de chicas cuidadosamente despeinadas, con los vaqueros cuidadosamente desgarrados por la misma rodilla de la misma pierna que se alcanza a ver forrada con media de seda oscura.
No sacudir árboles

“Un Museo no es un órgano de historia, sino de cultura”, escribe Xenius. “Quiere decir que en gran modo conviene a un Museo el no cambiar a cada instante. La mudanza, si bien se mira, es lo contrario de la mejora. La sacudida en los árboles no favorece en nada la maduración de los frutos”.Es un lugar agitado, el Museo, esta mañana de abril: dos mujeres de edad intermedia empujan con afán una silla de ruedas en la que va desmayada una tercera. Una se esfuerza en sostener la cabeza de la enferma, que se tuerce. La desmayada tiene el ceño fruncido de angustia, o dolor, o un mal sueño, quién sabe.

El recorrido propuesto por D’Ors en su guía (ahora lo publica Tecnos) es peculiar pero a la vez coherente en grado sumo con las teorías estéticas de Xenius. Tal como sintetiza José María Valverde en el prefacio, la referencia es el orden, la razón, la geometría. Sus opiniones están siempre a favor del clasicismo, Roma, y en contra de lo barroco: “no como estilos de época, sino como eones, fuerzas perennes en combate”. Y en el prólogo a la undécima edición, que en ésta se reproduce, escribe Eugenio D’Ors: “No habrá otra belleza moderna que la belleza antigua; quiere decir, la provista de la condición de eternidad: El resto es moda; y, por consiguiente, falsía”.

En la entrada que da paso a las más oscuras de las pinturas negras de la Quinta del Sordo, varias chicas de un grupo se distraen de las explicaciones de su profesora para timarse con los chicos de otro grupo, y en ello también participa el profesor, apenas más joven que sus alumnos. Frente al Goya más clásico, otra profesora jovencita -ojos azules, cinturilla, zapatos blancos de deporte y lazo verde en el pelo rubio- explica a sus alumnas cómo la pintura de Goya evoluciona hacia la expresión.

[El mundo de Goya] “es -no puede desconocerse- lo que todavía buscan con preferencia los visitantes del Museo del Prado; especialmente los extranjeros, siempre ganosos de los espectáculos de emoción que proporciona el carácter”, dice D’Ors. Los turistas se esfuerzan en darle la razón.
El mejor cuadro del mundo

Apenas pasan transeúntes por las salas de Murillo, algunos mas por las de Velázquez y El Greco, y muchos se detienen en las de Goya, en un examen de urgencia que refleja un orden de valores ligeramente distinto al que propone D’Ors en su libro. En cualquier caso los éxitos parecen muy condicionados, visto que muchos la llevan en la mano, por una guía del tipo vea usted todas las obras maestras en media hora.Así, siempre es hora punta en la suerte de capilla en penumbra en que ha quedado convertida la sala dedicada a Las Meninas, de Velázquez, y en la gran sala de este pintor las grandes concentraciones humanas se forman ante Los borrachos, Las lanzas o Las hilanderas, sin que muchos hagan caso ni de los monarcas a caballo, ni mucho menos de éstos, que como es notorio no sabía pintar Velázquez. Le importaban un rábano, los caballos.

Ante Las Meninas, mientras una de esas señoras norteamericanas de edad que en sus viajes evitan el calor y el frío comenta “es increíble, es increíble, es increíble”, sin descanso, el joven que le hace de guía le asegura: “¿Sabe? Es probablemente el mejor cuadro del mundo”.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de abril de 1989




La visión del arte moderno de D'Ors se recrea en una exposición. El País. 23/05/1997


El País

Madrid 23 MAY 1997

El Museo Nacional Reina Sofía, en Madrid, presentó ayer la exposición Eugenio d’Ors, del arte a la letra, abierta hasta el 30 de septiembre en las salas temporales de la segunda planta, dedicadas a mostrar los fondos del museo. La muestra recorre el arte moderno español de principios de siglo de la mano del escritor, crítico de arte y animador cultural Eugenio d’Ors (Barcelona, 1881-Vilanova i la Geltrú, 1954).La figura de Eugenio d’Ors domina la crónica artística en las primeras décadas del siglo, a través de su magisterio y fomento del arte moderno, sobre todo con la iniciativa de la Academia Breve de Crítica de Arte. En opinión de la comisaria de la exposición, Laura Mercader, su trabajo es poco conocido por la falta de investigaciones en su amplia obra y “la falta de rigor y alcance global en el tratamiento de toda la literatura artística dorsiana”.

El intelectual y maestro de toda una generación dedicó sus esfuerzos al conocimiento y difusión del arte moderno y durante sus anos barceloneses fue considerado un dictador del gusto estético y artístico, junto a sus iniciativas desarrolladas en Madrid. Una de sus aportaciones más importantes fue la acuñación del término noucentisme para definir el proyecto de renovación artística y cultural del que fue ideólogo. Participó en múltiples aspectos del debate estético, como el tema del barroco.

El montaje de la exposición contiene una parte de su obra como crítico, en textos de prensa, catálogos, monografías y recopilaciones, junto con los libros de historiografía y teoría artística. Esta documentación se ilustra con obra plástica original de una veintena de artistas vinculados a su tarea crítica, como Nonell, Torres-García, Clará, Casanovas, Picasso, Dalí, Miró, Saura, Tàpies y Palencia, entre otros, procedente de los fondos del museo que no figuran en la colección permanente.

En el catálogo figuran textos de la comisaria, Laura Mercader; Martí Perán, sobre la crítica dorsiana, y Natalia Bravo, sobre la relación entre D’Ors y Picasso, junto a la reproducción de las obras expuestas.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de mayo de 1997




¿Necesita Cataluña las ideas de Eugeni d"Ors? Joan Anton Mellon. El País. 08/04/1999


Joan Anton Mellon
8 ABR 1999

Periódicamente las estancadas aguas culturales catalanas se agitan mansamente ante la reedición de algunas de las obras de Eugeni d”Ors. Ilustres políticos, escritores, filósofos pasionales y catedráticos de estética, deslumbrados, según sus propias palabras, por el estilo y la diversidad de la obra de Xènius aplauden frenéticamente las mencionadas reediciones. El mismísimo presidente de la Generalitat declaró hace unos años, en un curso de verano dedicado a D”Ors de una universidad madrileña, que el ideario de éste era muy adecuado para superar la crisis de valores que padecía España y que su obra era una fuente de ideas para hacer política con ellas. Previamente, en mayo de 1986, se organizó un cónclave de prohombres culturales locales, con el consejero de Cultura de aquellas fechas al frente, cuya razón de ser fue la resurrección de Eugeni d”Ors. Celebrado a puerta cerrada, sólo para iniciados selectos, al acabar una rueda de prensa nos aclaró a los no selectos que, según conclusión de los participantes, la situación intelectual del país era ya madura para permitir un estudio sereno de la obra de D”Ors. Otra conclusión fue destinar dinero público para poder reeditar las obras de nuestro personaje, ya que sin subvención el proyecto era comercialmente inviable. Periodista brillante, sutil pensador, genial comentarista de arte, eficaz dinamizador cultural como publicista y político: no hay duda de que D”Ors fue todo eso y quizá más, pero lo que es inadmisible es la tergiversación ideológica que se pretende hacer del pensamiento de este autor y la consiguiente desinformación. En diciembre de 1989 uno de sus hijos, Joan Pau d”Ors al hacer donación del archivo del escritor a la Generalitat, declaró sin el menor rubor que su padre era un convencido del sindicalismo y subrayó su constante preocupación social. Por su parte, el quién es quién de la cultura del país, la Enciclopèdia Catalana, en su voz D”Ors expone que éste simpatizó con el sindicalismo. Pues bien, Eugeni d”Ors fue tan sindicalista como en el futuro Jordi Pujol podría ser recordado como un trotskista irredento. Pujol es un liberal-conservador y D”Ors un conservador radical tan antidemocrático como protofascista. Sólo desde un ciego papanatismo cultural de origen provinciano es posible desconocer este hecho, constatado hasta la saciedad por todos aquellos que han estudiado rigurosamente al hombre que quiso ser Goethe y, como no lo pudo ser, se consolaba disfrazándose de este personaje en los bailes de máscaras de los aristocráticos salones madrileños de los años cuarenta. En los inicios del siglo XX toda una generación de intelectuales liberal-conservadores o ultranacionalistas, asustados por las realidades sociales y políticas de las sociedades de masas, radicalizaron sus posturas políticas e iniciaron la labor cultural de diseñar una nueva legitimidad para los futuros proyectos políticos autoritarios y totalitarios de derechas. Entre ellos se encontraba D”Ors. Horrorizados por lo que ellos creían el retorno de los bárbaros y la desaparición de la alta cultura, depositaron sus esperanzas en los fascismos, por eso les apoyaron, aunque en el fondo despreciaban su populismo demagógico desde una displicente actitud aristocrática. José Antonio Primo de Rivera fue un gran admirador de nuestro autor y había pasado muchas tardes en su casa recibiendo provechosas lecciones. A su vez, uno de los más genuinos intelectuales fascistas que hemos tenido, Ernesto Giménez Caballero, afirma en sus Retratos españoles que D”Ors fue el auténtico maestro de toda una generación de fascistas españoles. Su programa político fue de una gran claridad y coherencia en todas las etapas de su trayectoria profesional; “santa continuidad”, decía él. Ante el caos existente, caos que dura en España hasta 1939, era necesario pensar nuevas ideas e intervenir. Era preciso conjugar tradición y modernidad y restaurar los valores imperecederos mediante acciones decididas de una minoría selecta de novecentistas.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de abril de 1999




El Acantilado arranca con libros de Juan Vernet, Eugeni d'Ors y Erik Satie. Xavier Moret. El País. 13/05/1999


 

Xavier Moret
Barcelona

El editor de Quaderns Crema y de Sirmio, Jaume Vallcorba, ha decidido incorporar una nueva editorial a su proyecto. Se trata de El Acantilado, un sello que publicará ensayo, poesía y narrativa teniendo como eje una visión transversal de la literatura, tanto a través del tiempo como de los géneros. Los tres primeros títulos son Lo que Europa debe al islam de España, de Juan Vernet; Cézanne, de Eugenio d’Ors, y Cuadernos de un mamífero, de Erik Satie.”El Acantilado va dirigido a aquellas personas que creen que el libro es algo más que un entretenimiento”, manifestó Vallcorba, “y que es algo que les puede ayudar a pensar”. El Acantilado convivirá con Quaderns Crema, la editorial para libros en catalán de Vallcorba, y Sirmio, que va destinada a un ámbito más académico.

“Se trata de recuperar libros básicos difíciles de encontrar, como es el caso del volumen del profesor Vernet”, comentó Vallcorba. “Son libros sustanciales que han desaparecido en estos tiempos de banalidad”. Vallcorba está convencido de que existe un público para este tipo de libros. “No voy a publicar best sellers“, dijo, “pero sí que haré tiradas dirigidas a un público amplio que cree en el libro como transmisión de cultura y no como un producto”.

El Acantilado es un reto, y creo que, aunque en los últimos tiempos se está hablando mucho de ratio, de porcentajes y de producto, a mí me gusta hablar del libro. Estoy convencido de que este público existe; me lo encuentro cada día”. Y concluye Vallcorba: “Creo que en el mundo cultural europeo se está notando una reacción contra la banalización”.

El Acantilado publicará libros de autores españoles y traducciones. “No es sólo una editorial de recuperación”, puntualizó Vallcorba, “sino que también apostaremos por nombres nuevos, tanto de poesía como de ensayo y narrativa”. Entre los autores traducidos, El Acantilado publicará títulos de Zweig y de Schnitzler, además del de Erik Satie ya publicado. Este último reúne diversos textos del famoso músico francés en los que reflexiona sobre la relación entre música y literatura.

Lo que Europa debe al islam de España, libro de Juan Vernet, es una obra de ensayo que, en palabras de su editor, “se lee como una novela”. El profesor Vernet explica en él el papel de la Escuela de Traductores de Toledo y la influencia de la cultura árabe en Europa. Cézanne, de Eugenio d’Ors, es un libro que parte de un punto de vista interesante, ya que Cézanne es el precursor de la renovación del arte clásico en el arte del siglo XX y Eugenio d’Ors reivindicó constantemente el clasicismo.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de mayo de 1999