TESIS DOCTORAL DE JAUME FARRERONS. GUIÓN PARA SU DEFENSA ANTE EL TRIBUNAL

La cuestión de la verdad en sentido “existencial”. Pero dicha cuestión es demasiado amplia e incontrolable incluso para una tesis de miles de páginas. Era menester reducir el formato de la pregunta por la verdad. Por ello me dirigí a un filósofo determinado —Martin Heidegger— y a una obra concreta —Sein und Zeit—, ya veremos el porqué de esta particular elección. Así que el objeto de la tesis quedó reducido a las siguientes cuestiones:
¿Es la proposición “la muerte es la verdad de la existencia” de Heidegger un enunciado racional con pretensiones de validez vinculante? Nuestra hipótesis de trabajo ha sido que <>. Puede fundamentarse en el marco metodológico de la ontología fenomenológico-hermenéutica del Dasein ubicado dentro del paradigma de la vida/praxis.
Pero dicho paradigma se considera actualmente obsoleto.

¿Sería posible entonces la fundamentación del mencionado enunciado en un marco metodológico adscrito al paradigma vigente en filosofía?
¿Cuál sería ese paradigma?
¿Cuál sería el marco metodológico correspondiente?

Vigente en filosofía es el paradigma del lenguaje. Tendría sentido plantear su fundamentación en el marco metodológico de la ética dialógica, que pertenece a dicho paradigma. Nuestra tesis no pretende, sin embargo, la fundamentación ético-dialógica del “enunciado VM”, sino justificar una respuesta afirmativa a la cuestión de si es posible plantear con pretensiones de validez racional dicha fundamentación y los motivos extra filosóficos por los cuales la misma habría sido omitida hasta hoy.
Acotación a. Vigente no significa válido, sino “socialmente reconocido”. Más en este caso tan espinoso: el paradigma de lenguaje permanece vigente por razones políticas, entre otras, pero en cualquier caso extra filosóficas en su mayor parte.

Carlos Martínez Shaw. Universidad de Barcelona

La historiografía catalana del siglo XIX puso en circulación la tesis que defendía que los súbditos del Principado (y del resto de la Corona de Aragón) habían quedado excluidos del comercio con las Indias desde el momento mismo del descubrimiento hasta el decreto de 1778. Poste-riormente, otros estudios han tratado de matizar o desmentir esta inter-pretación de los hechos, desde las elaboraciones de historiadores positi-vistas (como A. Ruíz y Pablo o F. Rahola y Tremols), hasta las obras de autores más actuales (como A. Rumeu de Armas, R. Konetzke o P. Vilar). Sin embargo, los convincentes argumentos aportados no han hecho retroceder completamente la pertinaz leyenda nacionalista, cuyas constantes, que siguen aflorando en la publicística más reciente, han sido caracterizadas así por J.M. Delgado: “-Catalunya tuvo un papel de primera línea en el Descubrimiento, ya mediante la participación de catalanes supuestos (Colón, Juan Ca-boto), o ciertos (padre Boil), ya mediante su apoyo financiero (Luis de Santángell. -A pesar de este protagonismo, el país quedaría marginado de los beneficios extraídos del Nuevo Mundo.

El falso mito de que los catalanes tenían prohibido comerciar en América. ABC, 11/01/2015

La falta de participación de los catalanes se debió a factores económicos y no a jurídicos a principios del descubrimiento. Progresivamente, los comerciantes aragoneses fueron desplazando sus intereses del Mediterráneo al Atlántico

El reinado de los Reyes Católicos, con la consiguiente unión de las coronas de Aragón y Castilla y León, es señalado por el nacionalismo catalán como el origen de todos los males de Cataluña. Según apunta una guía turística que se distribuía hasta hace poco en Barcelona, la región fue «privada de oportunidades comerciales con América y se convirtió en una tierra empobrecida». Una versión victimista y manipulada de la historia, frente a la que el hispanista Henry Kamen dice «no saber si reír o llorar ante tanta insensatez» en su último libro «España y Cataluña: Historia de una pasión».