La doble muerte de Martin Heidegger. Alfredo Deaño. El País. 30/05/1976

A mis amigos cuarentones les he oído contar muchas veces cómo para ellos Heidegger fue un descubrimiento, una apertura nueva al verdadero ser de la filosofía. Es natural: en ese entonces la filosofía oficial en España, ‘era a juzgar por los testimonios y en aras de la brevedad, una filosofía con la sumisión en el alma y la caspa en los hombros. Frente a ella Heidegger suponía una alternativa digna de consideración: una filosofía de las de antes de la guerra (como creo que se decía a propósito- de otras cosas) una filosofía de calidad, una filosofía novedosa, sí, pero, al propio tiempo, presentada bajo la forma de un riguroso regreso a los orígenes de la reflexión; representaba, en definitiva la más reciente manifestación del genio filosófico alemán.Distintos caminos,

Todo el mundo sabe lo que pasó después otras filosofías . (mejor preparadas, según parece, para la vida moderna) se abrieron distintos caminos entre nosotros y Heidegger pasó a ser, o bien un recuerdo teñido de ironía retrospectiva (para quienes están ahora en Gramsci o en Chomsky), o bien un apacible tema de tesis doctoral. Me atrevo a decir que para los estudiosos españoles de la filosofía menores de treinta años, Heidegger ha sido más que nada un autor del que no había más remedio que examinarse para obtener el aprobado en Metafísica.

Por eso, para muchos, esta muerte del día 26 habrá sido la segunda muerte de Heidegger. La primera venía de atrás y es la másgrave. En efecto: el certificado de defunción estaba ya extendido, y lo firmaban representantes de las filosofías que hoy para bien o para mal) están de verdad en vigor.,

Filosofía patológica

Lo de menos es lo que ha dicho Heidegger la llamada -empleando el término en su sentido más amplio- filosofía analítica. Ya Carnap -allá por la época en que el neopositivismo se convertía en la moderna enfermedad infántil del empirismo- hacía de la filosofía de Haidegger el modelo de filosofía a evitar, y de Heidegger el prototipo del músico fracasado (todo metafísico lo era, segúnCarnap, y, en esto, Carnap se aproxima a Beethoven). ¿Qué es metafísica?, el libro publicado por Heidegger en 1929, representaría, según Carnap, la ejemplificación suma de lo que podríamos llamar -tomando de los físicos la calificación-, filosofía patológica.

Gracia y silencio

Pero no toda la filosofía analítica es el neopositivismo, se nos dirá. Cierto. Sin embargo, podría afirmarse, simplificando, que de la filosofía analítica, Heidegger ha obtenido, descontado Carnap, o bien desenfadadas alusiones a veces no exentas de gracia (es el caso de Russell), o bien el silencio (consciente o ignorante).

Peor le ha ido por la banda de babor. En un libro -El asalto a la razón, de G. Lukacs-, cuya lectura es también para muchos un pecado de adolescencia, Heidegger aparece sumido en un capítulo titulado El Miércoles de Ceniza del subjetivismo parasitario. Eso basta. Y está por lo demás, la crítica a que le ha sometido Theodor W. Adorno. Adorno ha sido quien llegó más lejos, porque fue quien asumió la empresacon mayor seriedad. No podemos hacer otra cosa que limitarnos a recomendar la lectura de obras como Jargon der Eigentliichkeit (en cas tellano: La ideología como lenguaje), o Dialéctica negativa (de la que Vidal Peña daba cumplida cuenta en estas mismas páginas hace una semana Y, sin embargo, no se puede acabar así. Es posible presentar a Heidegger como infractor por antonomasia de la sintaxis lógica; como profundo mamporrero filosófico del nazismo; como acabada muestra de la irremediable, decadencia de una clase angustiada ante su fin; como suma y compendio de los males que acarrea la pretensión de hacer para filosofía frente a la siempre impura realidad; o como todo ello a la vez. Pero no todo termina,ahí. Concédasenos lo que cabría llamar el derecho, a la sobreestructura. Al fin y al cabo, hasta los peores enemigos de ésta le otorgan una autonomía relativa. No se le exija, pues, a un aprendiz de filósofo como el que escribe, que sea tan chabacano como para despachar de un plumazo apresurado a quien escribió Ser y tiempo, quien meditó sabiamente sobre los presocráticos, sobre Aristóteles, sobre Kant y sobre Nietzsche, sobre el arte y sobre la técnica; a quien, en, último término, fue siempre el que era. Finalmente, un dato para los astrólogos, a los que según cuentan, tan aficionado era Hitler: la noticia de la muerte de Martin Heidegger apareció en la prensa exactamente el mismo día (un 27 de mayo) en que se cumplían cuarenta y tres- ¡qué número tan poco brillante!- años desde aquel 27 de mayo de 1933 en que Martin Heidegger -rector con Hitler- pronunaba su tristemente célebre discurso titulado «La autoafirmación de la Universidad alemana

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de mayo de 1976

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