“D’Ors fue el primer fascista español”, afirma el historiador Cacho Viu. Miguel Mora. El País. 08/07/1997

Un libro analiza la juventud teórica del intelectual catalán

“Eugenio D’Ors fue el primer fascista español”. Esa es la conclusión a la qué ha llegado el historiador Vicente Cacho Viu (Madrid, 1929) en su libro Revisíón de Eugenio D’Ors (Quaderns Crema y la Residencia de Estudiantes), que fue presentado ayer en Madrid. Aproximación a la juventud teórica del polémico intelectual catalán -analiza el periodo 1902-1930-, el libro afirma que D’Ors (1881-1954) “se impregnó en París, entre 1906 y 1910, de la corriente autoritarista francesa que sería la génesis del nacionalsocialismo. Georges Sorel, en lo social-sindical, y su amigo Charles Maurras, en lo nacionalista, le influyeron mucho”.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense, especialista en el periodo de entresiglos, la tradición liberal española y los orígenes del nacionalismo catalán, Cacho Viu juzga a Eugenio D’Ors como uno de los escritores españoles de más calidad y brillantez del siglo XX Por eso, dice, su libro trata de reparar un olvido básicamente político: “Desde su muerte, D’Ors ha permanecido en el purgatorio literario a causa de su doble y presunta condición de traidor: primero, al nacionalismo catalán, qué no le perdonó que se fuera a Madrid y se pusiera a escribir en castellano; segundo, a la España liberal, que reprobó su temprana adhesión al régimen de Franco”. Pero el problema intelectual de D’Ors fue, sobre todo, de índole práctica. En el ámbito catalán, “aspiró a convertirse en Goethe, en lo que significó Goethe para la pequeña República de Weimar. Nunca lo logró porque sus ideas prefascistas estuvieron siempre muy lejos del liberalismo conservador de los nacionalistas catalanes. Sólo con Prat de la Riba, su maestro y protector, tuvo cierta influencia, menos de la que él de cía y con la desgracia añadida de que murió muy pronto, como Joan Maragall, su otro valedor. Por lo demás, Cambó lo odiaba intelectualmente, y Puig i Cadal fach se enfrentó con él”.

Siempre apretado de dinero, D’Ors llegó a Madrid en 1920 a buscarse el sustento después de ser despedido de “sus dos pequeños cargos culturales en Cataluña” y despojado de su colaboración en La Veu, órgano de prensa del nacionalismo. Pero en el centro la cosa no le fue mejor: “Junto a Unamuno, fue el gran disidente de la época. Utópico, soñador, fantasioso y autoritarista, nunca pudo hacerse valer ante el imperio libe ral de Ortega, que intervenía con más fuerza en política y era mucho más pragmático: había creado un verdadero holding de comunicación que incluía El Sol, Espasa-Calpe, La Revista de Occidente… ” .

D’Ors nunca pudo hacerse un hueco en él “a pesar de que Ortega lo respetaba mucho lo trataba con prepotencia”-, y siendo un hombre “muy poco religioso y con un gran sentido del humor”, quedó relegado “a la opción del Abc”. Desde esas páginas, D’Ors siguió ejerciendo “su gran finura intelectual” a través del célebre ‘Glosario’, minigénero ensayístico, que había inventado para La Veu y que tras la guerra y hasta su muerte continuó publicando en Arriba.Cacho dice de aquellas columnas que eran tan buenas, que daban ganas de aplaudir: “Es, sin duda, el mejor periodista español del siglo, un escritor extraordinario dotado de una prosa de gran musicalidad, ironía y gracia. Escribía con la misma soltura en catalán, castellano y francés, y tocaba todos los temas, desde la actualidad frívola a los grandes principios culturales. Nadie ha combinado lo efímero y la filosofía como él”.

El libro incluye además 109 cartas inéditas -a Ortega, Unamuno, Maragall, Pérez de Ayala o su amante argentina, Adelia Acevedo… que hablan de un “bromista impenitente que nunca tuvo dónde caerse muerto, aunque era un gran dandi y siempre anduvo necesitado de una mujer que lo cuidase”.
El ‘noucentisme’

Según su biógrafo, D’Ors -al que el Reina Sofía dedica una exposición que estará abierta hasta el 30 de septiembre- fue capaz de combinar su prefascismo utópico con virtudes paradójicas: la mayor, su especial sensibilidad para el arte, que demostró al fundar el noucentisme, “que consideraba una aberración a Gaudí y Maragall”, y al escribir la que se considera su obra más perfecta: Tres horas en el Museo del Prado. Pero, 40 años después, el misterio continúa. Tanto, que una vez publicado el libro, Cacho Viu, entre bromas y veras, duda mucho que su perfil orsiano sea real. “Es difícil saberlo. Su vida privada fue muy opaca y sus escritos es mejor no tomarlos nunca literalmente en serio. Está claro que fue un grandísimo estimulador intelectual, pero también un gran falsificador: se fabricó un personaje. Y como ya avanzó Aranguren, aunque no remató un sistema filosófico, porque fue sobre todo un escritor, fue superior en estilo al propio Ortega. Tal vez por eso, concluye el historiador, el retrato debería completarlo “un especialista en literatura cubana, capaz de entender las polisemias, bromas y músicas de su portentosa escritura”.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de julio de 1997

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