TESIS DOCTORAL DE JAUME FARRERONS. GUIÓN PARA SU DEFENSA ANTE EL TRIBUNAL

La cuestión de la verdad en sentido “existencial”. Pero dicha cuestión es demasiado amplia e incontrolable incluso para una tesis de miles de páginas. Era menester reducir el formato de la pregunta por la verdad. Por ello me dirigí a un filósofo determinado —Martin Heidegger— y a una obra concreta —Sein und Zeit—, ya veremos el porqué de esta particular elección. Así que el objeto de la tesis quedó reducido a las siguientes cuestiones:
¿Es la proposición “la muerte es la verdad de la existencia” de Heidegger un enunciado racional con pretensiones de validez vinculante? Nuestra hipótesis de trabajo ha sido que <>. Puede fundamentarse en el marco metodológico de la ontología fenomenológico-hermenéutica del Dasein ubicado dentro del paradigma de la vida/praxis.
Pero dicho paradigma se considera actualmente obsoleto.

¿Sería posible entonces la fundamentación del mencionado enunciado en un marco metodológico adscrito al paradigma vigente en filosofía?
¿Cuál sería ese paradigma?
¿Cuál sería el marco metodológico correspondiente?

Vigente en filosofía es el paradigma del lenguaje. Tendría sentido plantear su fundamentación en el marco metodológico de la ética dialógica, que pertenece a dicho paradigma. Nuestra tesis no pretende, sin embargo, la fundamentación ético-dialógica del “enunciado VM”, sino justificar una respuesta afirmativa a la cuestión de si es posible plantear con pretensiones de validez racional dicha fundamentación y los motivos extra filosóficos por los cuales la misma habría sido omitida hasta hoy.
Acotación a. Vigente no significa válido, sino “socialmente reconocido”. Más en este caso tan espinoso: el paradigma de lenguaje permanece vigente por razones políticas, entre otras, pero en cualquier caso extra filosóficas en su mayor parte.

El problema cultural del “fascismo” . Jaume Farrerons. 1987

El fascismo se dice de muchas maneras. Podemos hablar en efecto, del fascismo político como algo ya de por sí bastante indefinido, pero a la par existiría también un fascismo metapolítico, harto más vago y difuso aún que el primero. Los términos “nazi”, “totalitarismo”, “racismo”…- y derivados, suelen emplearse como sinónimos de “fascismo”; pero de entre todos ellos, y aún así atestiguando ya el quantum de “especifidad semántica” comúnmente asignado a los demás, sólo “nazi” conserva la fuerza del “original”. El vocablo estrictamente político se aplica tanto a los “comprensibles de suyo” y “clásicos” fascismos “de derecha”, cuanto a los menos obvios fascismos “izquierdistas”, extendiéndose asimismo el campo de significación más allá del período contemporáneo -v.g.: en la literatura de anticipación- o, antes de él, a “Alemania”, Asiria, Esparta, a los confederados americanos… “Se” habla en fin de una “mentalidad” y de un “carácter” fascistas, de un “macho” sexual explotador intrínsecamente fascista, de un “tecno fascismo” entre los ecologistas, etcétera.