La modernidad de la modernidad. Valenti Puig. El País. 19/05/2014

Comparar la vitalidad cultural de la Barcelona de los años sesenta con la actual genera perplejidad. Existe una modernidad que aspira a la madurez y una modernidad satisfecha con ser amnésica. La Barcelona hiper-moderna, más moderna que nadie, acabó por carecer de espíritu crítico. Ese es el poso que dejó una modernidad empeñada tan solo en transgredir. No era así en los años sesenta. Fueron años de modernidad, pero empeñados en una emulación que consistía en sentirse parte de algo que abarcaba desde la literatura de Mercè Rodoreda a los poetas novísimos, a una amalgama tal vez irrepetible de innovación y continuidad.

La Cataluña de 1914 y la de ahora. Valenti Puig. El País. 29/06/2014

La historiografía particularista a fuerza de poner la lupa en Cataluña acaba por reducir sus conexiones con la amplitud de los procesos históricos como, por ejemplo, los de Europa. Así, aunque 1714 fue una guerra dinástica y de trasfondo europeo, acabamos por sugerir el espejismo de una Cataluña cuya identidad hubiese sido el centro umbilical del acontecer histórico universal. Tiene mucho sentido que los catalanes que lo deseen tengan preocupación por lo que es y será Cataluña pero eso no obliga a dar por supuesto un mundo catalano-céntrico. Lo sabía el catalanismo regeneracionista. La guerra de 1914, cuyo centenario se está conmemorando, tuvo muchas repercusiones en Cataluña, especialmente económicas, pero si uno no ubica las cosas en los horizontes amplios tenemos una Cataluña más pequeña, imbuida de un excepcionalismo propenso a creer que solo tienen significado las cosas que intervienen en su vida particular porque no es otro el eje de la historia vivida. Hay más cosas en el mundo de las que presuponen los historiadores nacionalistas. En fin, el contraste entre las discontinuidades y las tendencias que se prolongan en el tiempo no son una exclusiva de nadie, como no lo son 1714 o 1914.

Eugeni D’Ors, el olvido imposible. Carles Geli. El País. 02/06/2015

La tradición había que ponerla, mal que pudiera pesar, por encima de la traición. Con ese delicado pareado, nadie más alejado del personaje que el volteriano Joan Fuster, que con 27 años aprendió a leer en catalán con el Glosari, entendía que había que, al menos, explicar a Eugeni d’Ors (1881-1954), elegante formador de las minorías intelectuales que vertebraron el Noucentisme que alimentaría la Mancomunitat de Cataluña, el mismo que se inventó un grotesco ritual de una vela de armas en Pamplona en 1937 para ingresar en Falange, en la fecha en que en 1523 Garcilaso se hacía caballero de la orden de Santiago.

“D’Ors fue el primer fascista español”, afirma el historiador Cacho Viu. Miguel Mora. El País. 08/07/1997

“Eugenio D’Ors fue el primer fascista español”. Esa es la conclusión a la qué ha llegado el historiador Vicente Cacho Viu (Madrid, 1929) en su libro Revisíón de Eugenio D’Ors (Quaderns Crema y la Residencia de Estudiantes), que fue presentado ayer en Madrid. Aproximación a la juventud teórica del polémico intelectual catalán -analiza el periodo 1902-1930-, el libro afirma que D’Ors (1881-1954) “se impregnó en París, entre 1906 y 1910, de la corriente autoritarista francesa que sería la génesis del nacionalsocialismo. Georges Sorel, en lo social-sindical, y su amigo Charles Maurras, en lo nacionalista, le influyeron mucho”.