El falso mito de que los catalanes tenían prohibido comerciar en América. ABC, 11/01/2015

La falta de participación de los catalanes se debió a factores económicos y no a jurídicos a principios del descubrimiento. Progresivamente, los comerciantes aragoneses fueron desplazando sus intereses del Mediterráneo al Atlántico

El reinado de los Reyes Católicos, con la consiguiente unión de las coronas de Aragón y Castilla y León, es señalado por el nacionalismo catalán como el origen de todos los males de Cataluña. Según apunta una guía turística que se distribuía hasta hace poco en Barcelona, la región fue «privada de oportunidades comerciales con América y se convirtió en una tierra empobrecida». Una versión victimista y manipulada de la historia, frente a la que el hispanista Henry Kamen dice «no saber si reír o llorar ante tanta insensatez» en su último libro «España y Cataluña: Historia de una pasión».

John Elliott recorda que una part dels catalans vol el «doble patriotisme». Diari de Girona. 30/10/2018

A l’historiador i hispanista britànic John H. Elliott el preocupa la «polarització» de la societat catalana i recorda l’existència d’una important part de catalans que defensen el seu «doble patriotisme». Entrevistat amb motiu de la presentació a Espanya del seu llibre Catalanes y escoceses. Unión y discordia (Taurus), el premi Príncep d’Astúries de Ciències Socials de 1996 assegura que Catalunya «és una societat en aquest moment molt polaritzada», i això li sembla «molt preocupant». El mestre d’hispanistes, internacionalment alabat per les seves investigacions sobre la història d’Espanya, enquadrada en el marc europeu i americà, defensa en el seu llibre el concepte de la doble lleialtat.

I en la conversa també admet la triple lleialtat, si per exemple s’incorpora el sentiment de pertinença que afecta la Unió Europea.

La Historia los juzga ya. El Mundo. 27/09/2018

Sir John H. Elliott regresó hace unos meses a Cataluña. Visitó el monasterio de Poblet, primaveral y perdido. Se asomó al balcón del Ayuntamiento de Barcelona, donde recordó el fiasco de Companys. Y adelantó a un grupo de privilegiados parte del contenido de su próximo libro, una imponente -y previsiblemente polémica- historia comparada de Cataluña y Escocia. Cuando se marchó, lo hizo preocupado. Con la tristeza del que conserva la memoria y acaba de perder la fe. Elliott es el más grande hispanista vivo. Y uno de los mayores expertos en la historia de Cataluña. En 1999, recibió la Cruz de Sant Jordi de manos del entonces presidente Pujol, que en su discurso citó la obra del historiador de forma selectiva: sólo los párrafos que adornaban su relato de una Cataluña compacta y en combate contra España. «Típico político», pensó Elliott. «Típico nacionalista», hubiera podido decir.

John H. Elliott: “Los líderes independentistas catalanes viven en un mundo de fantasía”. El Periódico. 4/11/2018

Pensar en el problema catalán como solo jurídico y constitucional estrecha los horizontes e impide la entrada creativa e imaginativa en un diálogo que también tiene que ser político. Rajoy fue demasiado inflexible en su respuesta, no se dio cuenta de la gravedad de la cuestión nacional catalana. Yo que viví en Barcelona en los años 50 y vi la represión durante la dictadura de Franco entiendo perfectamente la insistencia, tras su muerte, en recuperar la identidad del idioma como símbolo de una nación (algo que no ocurre en Escocia).

La lección catalana de Sir John Elliott. ABC. 19/10/2018

El historiador distingue dos síndromes: el del pueblo escogido y el de la víctima inocente. El síndrome del pueblo elegido, apunta Elliott, «inclina a un planteamiento del pasado concebido en términos esencialistas, según el cual los logros nacionales se ven como derivados de las características especiales (espirituales, biológicas o raciales) inherentes a un pueblo y dirigidas a alentar los objetivos que se han fijado para ellos mismos dentro de su marco de pensamiento providencial o mesiánico». Tal síndrome alentó a las naciones que tuvieron un imperio: de Roma a la Inglaterra victoriana, pasando por la España conquistadora de América… Y también a Cataluña. Recordemos el dominio -cruel- de los almogávares en el Mediterráneo cuando «hasta los peces llevaban las cuatro barras»; la simpatía de Pujol hacia Israel o el cartel de Mas: un Moisés de Tuset rumbo a la Ítaca de Llach. En su aspecto sombrío -el biológico-racial-, las invectivas zoológicas («bestias») y genéticas (ADN de los españoles) del vicario de la Generalitat, Torra.